Tuve un sueño en el cual no podía llegar al templo. Me invadía una grave sensación de angustia por lo que resolví, dentro de esa oscura lógica onírica, que para poder ver a la U mis amigos de barrio debían ingresar primero. Algo curioso por que yo me encontraba en Huachipa y mis amigos son de Lima Oeste así que tuve buscarlos para después asistirlos a que ellos también vean al campeón. Al parecer las entradas estaban agotadas, aun así les conseguí las suficientes de boletería gracias a otros compañeros. Ellos entraron, yo desperté.
Ya no estaba en Huachipa, ni si quiera en Perú, sino a cientos de kilómetros en un lugar que intento a asociarlo con esa abstracta idea de patria; era un 13 de febrero con sabor a un enero sin fútbol. Ya se imaginaran la pena que es no tener oportunidad alguna de alentar cuando se juega en casa. Me limite a interpretar tan amargo sueño: Lo primero fue reconocer como mi inconsciente asomaba mis deseos frustrados. En segundo lugar, también me castigaba para mostrarme la culpa de no estar donde debo, de la promesa rota; desde que llegue reprimí todo pensamiento de mi equipo pues, entiendo ahora, no quería confrontarme con ese sentimiento. Porque si bien desde el primer día que toque la popular no he asistido en menor cantidad de lo que son los partidos jugados de local, nuestro universo emocional tiene sus propias leyes y/o caprichos. En tercer lugar, reconocí el valor que tienen los amigos en este vinculo con la U que parecía ser solo una diada junto a otras diadas más formando una hinchada. Es decir, todos sabemos que el amor hacia la crema es colectivo pero yo ilusamente pensaba, mas no sentía, que se trataba de un encuentro muy personal que era compartido en cierto modo con miles mas; olvidando de este modo, que el todo no es igual a la suma de sus partes. No hay amor sin la U y no se puede amar a la U sin hinchada. La cuarta interpretación (Huachipa = El país en el que estoy) ya tiene que ver con asuntos intimos no vinculados a la crema.
Ese fue el mensaje que pudo extraer del sueño. Ahora hay otro que por cuestiones de fe vamos a llamarlo solo coincidencia. Ese día las entradas se agotaron y mis amigos por preferir una entrada de barra antes que apoyar economicamente a su club se quedaron afuera. Yo no entre, ellos tampoco. Me despido con la mayor de las empatías a todos los hermanos que residen en el extranjero con la nostalgia pintada de crema.
Liudo
Caracas, Venezuela.
1 comentario:
Oe causa que pena que estés tan lejos de la crema. Yo estuve lejos por mas de 6 años y fue algo muy amargo. Pero la vida te da revanchas, oportunidades y casi siempre te trae de vuelta a tu tierra y a tus amores, a los únicos amores, a los amores de verdad.
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